Técnicos y app móvil ·

El historial de cada máquina, en el móvil del técnico

El diagnóstico empieza antes de quitar el primer tornillo. Un técnico de maquinaria cuenta qué mira en el historial de la máquina antes de repararla y por qué la avería que se repite es la que más enseña.

La tercera vez que cambié la misma electroválvula en el mismo lavavajillas de capota, el dueño del bar me miró con una ceja levantada. No dijo nada. No hacía falta.

La pieza era buena. La había cambiado bien. Las tres veces. El problema es que yo no sabía que era la tercera. La primera la cambió un compañero, la segunda la cambié yo un año después sin acordarme, y la tercera llegó en agosto, con prisas, con la cocina a tope y la pila de platos creciendo. Abrí, vi la electroválvula, la cambié y me fui. Diagnóstico de libro. Y equivocado, porque lo que se comía las electroválvulas era la presión del agua de aquel local, no la pieza.

Si alguien me hubiera enseñado el historial antes de abrir, habría mirado la presión la segunda vez. Me habría ahorrado la tercera. Y el dueño del bar, la ceja.

El problema: se llega a ciegas

Llevo muchos años en furgoneta y la mayoría de las reparaciones las he hecho sin saber qué le habían hecho antes a esa máquina. No por dejadez. Porque esa información no estaba donde yo estaba.

Un técnico delante de una máquina tiene tres fuentes: lo que ve, lo que le cuenta el cliente y lo que recuerda. Lo que ve es mucho. Lo que cuenta el cliente depende del día. Lo que recuerda es poco, y además es solo lo suyo. Lo de los compañeros no lo recuerda nadie.

Las causas, sin rodeos

El historial vive en la oficina. En partes de papel archivados por mes, o en un programa que solo se abre desde el ordenador de la mesa. A mí, a las doce y media en una trastienda, eso no me sirve de nada.

El historial vive en la cabeza de otro. Cada técnico tiene sus clientes y sus máquinas. Mientras está, todo funciona. Cuando se va de vacaciones, se lleva el historial con él.

La máquina no está identificada. Si en la ficha del cliente pone «lavavajillas» y el cliente tiene dos, la mitad del historial es de la otra.

La prisa. Con la cocina parada, nadie se para a llamar a la oficina para preguntar qué se hizo en marzo. Se abre y se repara. A veces sale bien.

Lo que miro antes de abrir

Con los años he llegado a una rutina corta. Dos minutos en la furgoneta, antes de entrar. No es ciencia. Es no llegar a ciegas.

Las tres últimas intervenciones

La vida entera de la máquina puede esperar. Las tres últimas visitas dicen casi todo: qué falló, qué se cambió, quién fue y qué dejó escrito. Si la última fue hace dos semanas, ya sé que vengo a algo que no quedó bien. Eso cambia cómo entro por la puerta.

Si la avería se repite

Es lo que más enseña. Una avería que vuelve no es mala suerte. Es una causa que nadie ha buscado: la presión del agua, una toma de corriente floja, un uso que la máquina no aguanta. Cuando veo la misma pieza dos veces en el historial, no la cambio una tercera sin buscar el porqué.

Y hay un momento en que toca decirlo en voz alta. Si una máquina lleva tres averías gordas en poco tiempo, lo honrado es contárselo al cliente y dejarlo apuntado en el parte para que la oficina le proponga la sustitución. Seguir reparando lo que ya no compensa no le hace un favor a nadie.

Contrato o garantía, antes del primer tornillo

Esto lo aprendí por el bolsillo de la empresa. Si la máquina está en garantía o cubierta por contrato, lo tengo que saber antes de tocarla, no cuando la oficina va a facturar. Cambia lo que cobro, lo que apunto en el parte y lo que le digo al cliente. Descubrirlo después siempre acaba en una llamada incómoda.

La pieza que ya falló

Si el historial dice que el mes pasado se cambió la bomba, la bomba no es mi primera sospecha. O sí, pero por otro motivo: una pieza nueva que falla pronto es una garantía de proveedor que reclamar o una causa que seguir. En los dos casos quiero saberlo antes de pedir otra.

Todo esto, además, ahorra viajes. Llegar sabiendo qué se cambió la última vez es llegar con la pieza que toca en la furgoneta, y no volver otro día. Lo que cuesta ese segundo viaje está echado a cuentas en lo que cuesta una segunda visita, y no es poco.

El historial en el bolsillo

Ojo, que no es lo mismo que guardar los datos. Qué datos tiene que tener la ficha de un equipo ya lo contó un compañero en el historial del equipo que necesita el siguiente técnico. Aquí hablo de otra cosa: de que esos datos estén en mi mano cuando estoy delante de la máquina.

Con PlanerSat, cuando abro el aviso en el móvil veo el equipo afectado con su marca, modelo, número de serie y garantía, y todas las intervenciones anteriores con lo que se hizo en cada una. Si el equipo está en contrato, el parte lo indica. Y cuando cierro mi parte, mi visita se suma a esa lista para el siguiente, que igual soy yo dentro de un año sin acordarme de nada.

Hay un efecto que no esperaba. Cuando el técnico sabe que lo que escribe lo va a leer el siguiente, escribe mejor. «Revisado» deja de valer. Se empieza a poner «cambiada electroválvula de entrada; presión de red alta, recomendado reductor». Esa frase, la segunda vez, me habría ahorrado la tercera.

Y un aviso para quien piense que esto es solo cosa de técnicos: el historial bien llevado es también lo que permite a la oficina contestar al cliente cuando pregunta qué se le ha hecho a su máquina este año.

Lo que me llevo

El diagnóstico no empieza con el destornillador. Empieza en la furgoneta, con dos minutos y el historial en la mano. Las tres últimas visitas, la avería que se repite, el contrato y la pieza que ya se cambió. Con eso se entra de otra manera.

Si atiendes maquinaria de hostelería, donde cada minuto de cocina parada cuenta, sigue con lo que tiene que hacer el programa de un SAT de maquinaria de hostelería. Y en la página de software para servicio técnico de maquinaria está el recorrido de un aviso, desde la máquina parada hasta la intervención guardada en su ficha.