Casos y opinión ·

Un día de julio con un técnico de climatización

Seis avisos, un split sin gas, un cliente que no abre, una pieza que se quedó en el almacén y una firma en una azotea a pleno sol. El diario de un martes de julio, contado desde la furgoneta.

El despertador suena a las seis y cuarto. En julio no haría falta: a esa hora ya hace calor. Lo que sigue es un martes del julio pasado, apuntado por la noche en una libreta porque mi mujer dice que exagero. Juzgad vosotros.

7:30. La ruta de la mañana

Salgo del almacén con seis avisos en el móvil. Dos preventivos de contrato, tres averías y una revisión que el cliente ha pedido «porque hace ruido». Sobre el papel, a la una estoy comiendo.

La primera es fácil. Una oficina, dos cassettes, filtros más sucios que el palo de un gallinero. Limpio, compruebo, apunto y cierro. Cuarenta minutos. Voy bien.

9:15. El equipo del que nadie sabía nada

Segundo aviso: «el aire no enfría». Llego y hay tres unidades interiores en el piso y una exterior en el patio que no es de nadie. El cliente heredó la casa. No sabe la marca, ni el año, ni quién lo instaló. La placa está tan quemada por el sol que se lee la mitad.

Aquí es donde uno echa de menos lo que contamos sobre el historial del equipo que necesita el siguiente técnico. Con el gas y lo que se le hizo apuntados, me habría ahorrado veinte minutos con la linterna.

Le falta gas. Sin gas quiere decir fuga, y fuga quiere decir buscarla antes de cargar nada. La encuentro a la tercera, en una unión del patio. Hora y media. La ruta ya no es la de la mañana.

11:00. El cliente que no está

Tercer aviso. Timbre. Nada. Llamo al teléfono del aviso. Buzón de voz. Espero diez minutos a la sombra de un contenedor, que en julio es un lujo.

Hago una foto del portal, dejo una nota en el buzón y me voy. Ese aviso vuelve mañana a la lista, y alguien tendrá que explicarle al cliente que el desplazamiento de hoy existió aunque él no estuviera. No me toca a mí. Menos mal.

12:40. La pieza que no llevaba

Cuarto aviso, la revisión del ruido. Es el ventilador de la unidad exterior, con el rodamiento hecho polvo. En la furgoneta llevo de todo menos ese motor. Claro.

Lo dejo apagado, se lo explico al cliente, llamo a la oficina para que pidan la pieza y cierro el parte como pendiente de material. Segunda visita. De esas que cuestan dos viajes y se cobran uno.

Como un bocadillo en la furgoneta con el aire puesto. Tengo dieciocho minutos.

14:30. La urgencia

Suena el teléfono. Un bar con la cámara de bebidas y el aire parados a la vez, y el dueño a punto de cerrar. La oficina me pasa un preventivo al jueves y me mete el bar. No es culpa de nadie: es julio. Cómo se decide eso sin dejar tirado a medio barrio lo tenéis en urgencias en temporada alta sin romper la ruta.

Lo del bar es un condensador. Llevo uno que sirve. El dueño me invita a un café que no me tomo, porque son las cuatro y me quedan dos avisos.

17:45. La firma en la azotea

Último preventivo, en la azotea de un edificio de oficinas. Cuatro máquinas al sol y ni una sombra en veinte metros. Termino, recojo, y el encargado de mantenimiento sube a firmar. Firma en el móvil con el dedo, sudando, y me dice que la pantalla quema. Tiene razón.

Hace años esto era un talonario con copia que se mojaba o salía volando. Ahora el parte llega a la oficina antes de que yo baje en el ascensor. Lo que pasa cuando el cliente no está o no quiere firmar es otra historia, y la contamos en la firma del cliente en el parte.

19:00. Lo que cambiaría

Llego al almacén a las siete. Seis avisos previstos: cinco hechos, uno sin cliente, uno pendiente de pieza y una urgencia que no estaba. Contado así parece un mal día. No lo es. Es un día normal de julio.

Lo que cambiaría es poco y concreto:

  • Que cada equipo tenga su ficha antes de que yo llegue, con lo que se le hizo la última vez.
  • Que alguien confirme la víspera que el cliente va a estar en casa.
  • Que el motor que siempre falta vaya en la furgoneta desde junio, no desde agosto.
  • Que cuando me cambian la ruta, la vea en el móvil y no tenga que apuntarla conduciendo.

Lo último y lo primero ya los tenemos. Con PlanerSat abro el móvil y veo los avisos del día en su orden, con la hora y la dirección, y cuando llego a un equipo que ya está dado de alta tengo delante su historial. No me quita el calor. Me quita la mitad de las llamadas.

Desde la oficina de una empresa de climatización, todo esto se organiza como enseña la página de software para climatización, con el recorrido del aviso a la factura. Y si la firma en la azotea te ha sonado, el siguiente paso es cómo resolver la firma del cliente en el parte.