Tu empresa sabe instalar. Lo ha demostrado en cada tejado, cada nave y cada comunidad. Y cada una de esas instalaciones, cuando la terminas, la cobras y te vas, se convierte en algo que casi ningún instalador trata como lo que es: un cliente al que puedes mantener durante años.
Esta es la pregunta que te conviene hacerte ahora, con la cartera de obras todavía llena: ¿de qué va a vivir tu empresa el año que entren menos obras?
El problema: tu negocio termina cuando termina la obra
Mira tu facturación de los últimos doce meses. Si casi todo son instalaciones nuevas, tu ingreso depende de vender la siguiente. Cada mes empiezas de cero.
Mientras tanto, tienes decenas o cientos de instalaciones funcionando con equipos que envejecen, se ensucian y, de vez en cuando, fallan. Esos clientes te llaman cuando el inversor da un error, cuando la batería no carga o cuando ven que producen menos que el vecino. Algunos te llaman a ti. Otros llaman al primero que encuentran.
Cada una de esas llamadas es una avería que podrías cobrar. Y cada una de esas instalaciones, un contrato de revisión que podrías vender. Si no lo haces tú, lo hará otro.
Por qué no lo estás haciendo
No es falta de ganas. Es que tu empresa está organizada para la obra, y el mantenimiento pide otra cosa.
No sabes qué instalaste ni dónde. Los datos de cada instalación están en una carpeta del proyecto: el presupuesto, algún plano, las fotos del final. El número de serie del inversor, la marca de las baterías y la fecha de puesta en marcha están, con suerte, en un PDF que nadie vuelve a abrir.
No controlas las garantías. Cuando el cliente llama por una avería, alguien tiene que averiguar si el equipo sigue en garantía, de qué fabricante es y quién paga. Si se escapa, reparas gratis lo que deberías cobrar, o cobras lo que debería cubrir el fabricante y pierdes al cliente.
No tienes circuito de aviso. Las averías entran por el móvil del jefe de obra, por WhatsApp o por el comercial que vendió la instalación. Nadie sabe cuántas hay abiertas.
No has puesto precio al mantenimiento. Sin precio, no hay nada que ofrecer al terminar la obra, que es justo el mejor momento para hacerlo.
La solución: tratar cada instalación como un equipo instalado
El cambio de mentalidad es sencillo de explicar: la obra termina, pero la instalación entra en tu cartera de mantenimiento. Para que eso funcione necesitas cinco cosas.
1. Cada equipo, con su número de serie y su garantía
El inversor, las baterías, el cargador del coche si lo pusiste. Cada uno dado de alta con marca, modelo, número de serie y fecha de fin de garantía, vinculado al cliente. Cuando llame, sabrás en un minuto qué tiene y si lo cubre la garantía.
2. Cada instalación, en su dirección
Muchos de tus clientes tendrán más de una: la vivienda y la nave, o el administrador que te pasa varias comunidades. El cliente que paga no siempre es el sitio donde está el equipo. Cómo organizarlo sin liarte está contado en clientes con muchas direcciones de servicio.
3. Un contrato de revisión que puedas ofrecer el día de la entrega
Qué incluye (visitas al año, limpieza, comprobación de equipos, informe), qué no incluye y cuánto cuesta. Si nunca has vendido contratos, empieza por lo que explicamos en contratos de mantenimiento: el ingreso que llega aunque no suene el teléfono. El argumento para tu cliente es claro: ha hecho una inversión y quiere que rinda.
4. Avisos de avería con dueño
Cada llamada de un cliente con un problema entra como aviso, con su equipo y su prioridad, y se asigna a un técnico. Nada de avisos en el móvil del jefe de obra.
5. Una cuota con un modelo fijo
Anual, mensual o por visita: cada modelo tiene su efecto en tu tesorería y en el impago. Están comparados en cómo cobrar las revisiones periódicas. Elige uno y aplícalo igual a todos.
Qué cambia con un programa de mantenimiento
Hasta aquí, todo se puede intentar con hojas de cálculo. Con veinte instalaciones funciona. Con doscientas, no.
Con PlanerSat, cada cliente tiene sus instalaciones como direcciones de servicio y sus equipos instalados con marca, modelo, número de serie, garantía e historial de intervenciones. Los contratos de mantenimiento generan sus revisiones periódicas en las fechas que pactes, así que la revisión de primavera no depende de que alguien se acuerde. Las averías entran como avisos, el técnico cierra el parte con horas y material, el parte distingue lo que cubre la garantía o el contrato de lo que se cobra, y la factura sale con PlanerGes, preparada para VeriFactu.
Te interesa saber también lo que no hace, para que no compres algo que no es. PlanerSat no monitoriza la producción de las instalaciones en remoto ni se conecta a los inversores: la alarma del inversor la verá el cliente o su aplicación, y el aviso lo registras tú cuando te llama. Tampoco está pensado para llevar la obra grande con presupuesto por capítulos. Está pensado para lo que viene después: avisos y mantenimiento.
La decisión que tienes delante
No tienes que dejar de instalar. Tienes que dejar de olvidarte de lo que instalas. Cada obra que entregues a partir de ahora puede salir con sus equipos dados de alta y una propuesta de contrato encima de la mesa. En un año, la cartera de mantenimiento será un ingreso que no depende del siguiente tejado.
Por dónde empezar: por las instalaciones que entregaste en los dos últimos años. Son los clientes que mejor te recuerdan y los que tienen los equipos todavía en garantía. Dalos de alta, llama a cada uno y ofrece la primera revisión.
Lo que necesitas para eso (equipos instalados con historial, contratos de mantenimiento y garantías, además de avisos, partes y factura desde el parte) está en el plan Standard de PlanerSat, 198 €/mes sin permanencia; tienes el detalle en las tarifas. Si prefieres verlo antes con tres instalaciones tuyas, pide una demo, y si también haces electricidad o fontanería, echa un vistazo a software para empresas de instalaciones.