Llevo muchos años subiendo y bajando de una furgoneta. He cambiado calentadores, he perseguido fugas por falsos techos y he sacado más de un tapón de pelo de un desagüe que prefiero no recordar. Y si me preguntan qué es lo que peor hemos hecho siempre en los servicios técnicos donde he trabajado, no digo ninguna reparación. Digo el material.
No el caro. El caro se apunta solo. Una placa electrónica o un compresor no se olvidan, porque hubo que pedirlos, esperarlos y pelearse con alguien por el precio. Lo que se olvida es lo pequeño. El racor de latón. El latiguillo. Los dos metros de cable. El bote de pasta de sellar que se acabó en casa de la señora del tercero.
Un martes cualquiera
Os cuento un día normal, sin exagerar. Salgo a las ocho con cuatro avisos. En el primero cambio un grifo y uso un par de latiguillos que llevo en la caja. En el segundo, una fuga pequeña: un racor, cinta, un trozo de tubo. En el tercero no uso nada. En el cuarto, un mecanismo de cisterna.
A las siete de la tarde, aparcado en la puerta de casa, relleno los partes. Bueno, los termino. Las horas me las sé. El trabajo, también. ¿El material? Me acuerdo del grifo y de la cisterna, que son lo gordo. Los latiguillos creo que los puse. El racor, seguro que no me acuerdo.
Ese día he regalado, sin querer, unas cuantas piezas. No es una fortuna. Pero ahora multiplica por los técnicos que tengas y por los días que trabajáis al año. Mejor no lo hago yo, que me deprimo.
No es culpa de nadie
Aquí es donde el gerente suele mirar al técnico. Y el técnico, a la furgoneta. Ninguno de los dos acierta.
El material no se pierde por dejadez. Se pierde por el momento en que se apunta. Si lo escribes al final del día, de memoria, se te va a olvidar lo pequeño. A mí, a ti y al mejor técnico que tengas. La memoria de un fontanero a las siete de la tarde no está para inventarios.
Y luego está la furgoneta, que es un almacén sin papeles. Entra material del proveedor, sale material en cada casa y nadie firma nada. Cuando la oficina quiere saber qué se ha gastado, lo único que tiene es lo que el técnico escribió. O sea, lo que recordó.
El talonario de partes tampoco ayuda. El que yo usé durante años tenía una casilla de «Materiales» de dos dedos de alto. Ahí no cabe un racor. Cabe «varios», que es la palabra más cara del oficio.
Dónde se corta
Se corta en un sitio muy concreto: en el parte, en el momento en que usas la pieza.
Terminas de apretar el racor, sacas el móvil y lo añades. Una línea: el artículo, elegido de la lista, y la cantidad. Diez segundos. No hay que escribir «racor de 16 multicapa», porque el artículo ya está en el catálogo con su nombre y su precio. La oficina no tiene que adivinar qué quería decir «rac. 16 mc».
En el artículo sobre lo que debe recoger un parte de trabajo en el móvil está el detalle de cada campo. El del material es el que más dinero se deja por el camino, y el que menos cuesta arreglar.
Lo segundo es que alguien en la oficina mire el parte antes de facturar. No para desconfiar, sino con una pregunta sencilla: si ha habido una fuga, ¿hay material? Si ha cambiado un grifo, ¿están los latiguillos? Esa revisión, hecha el mismo día, recupera casi todo lo que se escapa. Hecha a los quince días, no recupera nada, porque ya no me acuerdo ni de la casa.
Lo que cambia cuando dejas el papel
En PlanerSat el material va en las líneas del parte: artículo del catálogo y cantidad, apuntado cuando lo usas. La factura sale de ese mismo parte con PlanerGes, así que lo que apuntas es lo que se cobra. No hay nadie pasando papeles a limpio ni interpretando mi letra.
Y hay algo que no sale en la factura. A las siete de la tarde llegas a casa con los partes cerrados y sin la sensación de estar olvidándote de algo. Eso, para quien lleva años rellenando partes apoyado en el volante, vale casi tanto como el racor.
Si todavía no tienes claro dónde encaja el parte en el trabajo de un servicio técnico, empieza por qué es un SAT y por dónde pierde dinero. Y si lo tuyo son las instalaciones de fontanería, electricidad o gas, en la página de software para instaladores hay un parte de ejemplo donde se ve cuánto suma el material que antes no se apuntaba. Más historias del oficio, en el blog.